miércoles, 29 de agosto de 2012

Fragmentos arqueológicos: Té de Nuez



Exhumando viejos archivos, hemos hallado aquí un borrador con la estructura para un episodio de “Té de Nuez” que nunca fuera realizado. Atención, niños: esta es la ocasión de divertirse barato con las locuras de Timoteo y estudiar al mismo tiempo procesos creativos de una extremada grosería. Con ustedes, los documentos:


 

  
Vemos los mismísimos despachos del Ministerio de Asuntos Infantiles.
–Caramba, me han llamado directamente del Ministerio... esto debe ser “cosha golda”, como decía el mensaje cifrado –murmura Timoteo. Vemos pasar distintas oficinas públicas: Subsecretaría de la Perinola, Ministerio del Antifaz, Instituto Nacional del Rulero...

Llegamos a la oficina donde Timoteo es entrevistado por el Comisionado Fetus
–Timoteo, tenemos motivos sobrados para sospechar que Delma Blanco, la famosa escritora consagrada a la literatura infantil, es en realidad una horrible bruja. Su pretendida vocación no es otra cosa que el más hábil de los disfraces, utilizado para devorar niños y niñas impunemente.
 –Qué horror! –exclama Timoteo
 –Su misión, Timoteo, es destruir esta amenaza que se cierne sobre el Niño Argentino. Tiene usted carta blanca para hacerlo... no falle!

(Podría incluirse una escena donde Timoteo es provisto de algunos ingeniosos adminículos para su tarea)
 Timoteo camina por la calle.
–Los muchachos de la Secretaría del Bigote me han prestado este disfraz... Nunca me reconocerá, esa malvada bruja.

–Veamos... debo engañarla diciendo que quiero un autógrafo en este ejemplar de uno de sus libros: “El Osito Encantado en el Valle de Cuchi Cuchi”... deberé fingir que he leído semejante porquería. Esto no me gusta nada!
 –Aquí es. Una casita totalmente hecha de dulces... Qué ingenioso! Nunca lo hubiera pensado!
Toca el timbre con su bastón.
–¿Si? –se asoma la bruja –¿Quién llama? Oh, un niño!
 –(Es ella! Debo esmerarme!)... er... mi nombre es Walter, el Benjamín de la familia, y soy un admirador suyo, señorita Blanco. He traído un ejemplar de mi libro más querido, “El osito... encantado... ”, eso es, de su autoría. Y vengo en busca de su autógrafo! ¿Sería usted tan amable...?
–Cacle-cacle! No faltaba más, niño! Pasa! Por aquí! Estaba a punto de tomar el té, y sería un placer tenerte en mi mesa...

–Puedo oler una fuerte corriente de hostilidad hacia los niños... debe odiarlos con un furor loco. Qué vicisitud.
–Dios! Qué es esto? Huesos! Cráneos! Pertenecientes a los niños que ha devorado, seguramente!
Se trata de una pila de huesos apilada en un rincón de la casita, que es muy simpática por otro lado.

Tenso diálogo sobre literatura entre bruja y bebé. El té ha caído pesado a Timoteo, que eructa.

Adelma: –Oh! Kerouac? Exacto,  soy discípula suya! Me alegra que se haya dado cuenta, veo que usted es un bebé sumamente sensible... mire, inclusive suelo utilizar su técnica de escribir sobre un rollo de papel continuo para no cortar el “flujo de energía” al cambiar las hojas. Claro que yo utilizo un rollo de papel de cocina, que es lo que corresponde al ama de casa moderna...

Finalmente Timoteo logrará envolverla en las hojas del rollo, tipo momia, y llevársela prisionera.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Duro con esa malvada bruja, Timoteo!

Anónimo dijo...

aparición con vida de Timoteo, YA!
se extraña Te de nuez en la Fierro.

Matías Trillo dijo...

Genial

quique alcatena dijo...

Como siempre, bello trabajo. ¿Para cuándo la edición en castellano?

Lucas Nine dijo...

Estamos en eso, Quique. Timoteo está ablandando a un par de editores.
Gracias por el comentario!